Primera experiencia swinger

-por Pablo-
Buenos Aires. Enero de 2011

Bueno, en una breve presentación, les cuento que mi nombre es Pablo, tengo 28 años y estoy transitando una etapa de experimentación sexual muy interesante y que se la recomiendo a quien se me cruce! Ja!
Tengo algunas amigas con las que mantengo relaciones sexuales, y una de ellas en particular se asemeja mucho a mí en cuanto a los apetitos carnales. Tanto así que cuando la empecé a conocer ella me contaba que ya había experimentado tríos sexuales, tanto con dos hombres como con otra pareja hombre-mujer. Inmediatamente captó mi atención, es una fantasía recurrente en muchos hombres y no me excluyo. Vale aclarar que yo jamás me salí del uno a uno en cuanto a sexo. Al notar que ella también se entusiasmaba con la idea de repetir la experiencia, empezamos a diagramar formas de concretar un trío, principalmente con una mujer, que era lo que a ambos más nos atraía.
Cuento esto a modo de presentación, pues nuestros intentos de tríos fueron bastante fallidos. La cuestión es que al poco tiempo mi amiga (su nombre es Laura) tuvo la escabrosa y brillante idea de asistir a una fiesta swinger.
Tomé enseguida la oferta, y al poco tiempo ya teníamos cita para encontrarnos en la esquina del club swinger elegido. Nos saludamos y, admitiendo nuestro nerviosismo, que era mucho, nos dispusimos a entrar.
Nos habían advertido que era noche nudista o semi-nudista, con lo cual nos dejaron en prendas interiores. Yo no me sentía nervioso, no me temblaban las piernas, ni la voz, y mi cabeza estaba tranquila, sólo observándolo todo y haciendo algún comentario chistoso que otro (mi forma de evadir la realidad, supongo!). Laura por otro lado parecía más insegura que yo, con los ojos bien abiertos y diciéndome cada tanto lo rara que se sentía. Hasta el momento no era mucha la rareza que nos rodeaba, sólo gente desnuda o semi-desnuda… y, bueno… cada tanto alguna mujer practicándole sexo oral a su pareja.
Puesto que habíamos entrado muy temprano, evidentemente, por la poca acción alrededor, decidimos quedarnos unos momentos observándolo todo, tratando de tomar el control de la situación. Como dije, yo no me sentía nervioso en lo más mínimo, pero la canalización de mis nervios estaba donde menos la necesitaba esa noche: no conseguía una erección!

Cambiamos de ambiente un par de veces, hasta que por fin nos sentamos en un sillón, en una de las habitaciones que en ese momento estaba más habitada (digamos, unas tres o cuatro parejas más). Laura y yo seguíamos en nuestra pose de observar y comentar, ajenos a todo. Lo que sí, empezamos a notar cuerpos femeninos hermosos. Colas perfectas, firmes; pechos grandes (muchos operados, pero en ese momento eran dignos de ser vistos); y además de rostro eran bellas. De los hombres no se podía decir lo mismo. Habían muchos mayores (así vinieran acompañados de chicas jóvenes) otros no tanto, pero sí barrigones, o muy peludos, o simplemente con una imagen poco llamativa. Por la palabra de la propia Laura, sólo dos o tres hombres eran rescatables de todo lo que se vio esa noche.
Bien, no quería extenderme, pero lo cierto es que la noche misma se extendió muchísimo. Pasamos largas horas en esos sillones, sentados, mirándolo todo, que poco a poco iba gestándose. En base a la observación, aprendimos un poco el código: vimos una pareja que se puso en situación, y otra de al lado que los imitaba. La pareja que los imitaba, la mujer, estiró la mano hasta tocarle el pecho a la otra mujer. Poco después, ésta última estiró su mano para devolver el mensaje. Esto significaba que las parejas no tenían problemas en unirse.
No llegamos a ver muchas situaciones fuera de lo común. Por ejemplo, lo más raro de ver era una mujer con dos hombres. Lo que logré ver dos o tres veces en diferentes momentos de la noche. El resto era mujeres con mujeres (y sus respectivas parejas masculinas penetrándolas a la vez).

Como dije, pasaron horas. Decidimos que si no empezábamos a tener sexo, o al menos insinuarlo (a mí todavía no se me paraba) no íbamos a logar ningún tipo de intercambio. De modo que saqué los dos grandes pechos de mi amiga de su ropa de encaje, y se los empecé a chupar. Ella empezó a gemir y yo bajé a su sexo. Notaba que varias personas se habían ya puesto a mirarnos, y también notaba lo flácido de mi miembro, contra toda situación excitante. Me puse de pie, con una pierna en el sillón, y ella me descorrió el boxer y se la puso en la boca. Los intentos eran muy buenos por su parte, yo sentía el placer, pero no lográbamos nada. En algún momento una de las parejas jóvenes que tanto mi amiga como yo ya habíamos destacado, se nos acercó. La chica era muy delgada, de pechos tímidos, pero abultados, y una cola redonda preciosa, con un tatuaje al final de la espalda. Le calzaba una bombacha negra que me vi tentado a descorrer la mayor parte de la noche. Él era alto, de barba. Menudo, pero a la vez fibroso. Ella tocó los pechos de mi amiga. Y él también. Laura respondió al instante, y la chica acercó su cuerpo tímidamente. Le acaricié la cola y el vientre, y amagué ir con mi boca, pero cambié la dirección hasta el cuerpo de Laura. Para cuando volví la cara, la pareja se había ido (“Histéricos” pensamos).
Seguimos intentando atraer gente, pero ahora sólo venían viejos y demás que les teníamos que sacar la mano, porque no parecían entender la falta de respuesta como una negativa.
Con Laura habíamos inventado un código interno: si la pareja que se acercaba no nos gustaba, nos hacíamos un pequeño pellizco. Si nos gustaba, una palmadita. Pero lo cierto es que a partir de que aclaramos las estrategias y tomábamos control de la situación, las parejas alrededor iban terminando, o cambiando de cuarto, o empezaba a abundar mucha gente mayor.
Vale destacar que ya hacía largo rato que nos habíamos resignado a la sola experiencia de haber estado ahí, ya de por sí como un valor positivo. Si no pasaba nada en toda la noche, ya era justificable. Y así, resignados, nos tiramos en un sillón a tocarnos con desinterés las partes erógenas cuando vi pasar una morena hermosa, de buenos pechos, redondos y firmes… y una cola menuda, bien curvada. Ella y su pareja (que jamás pude terminar de ver), se acostaron en una colchoneta, cerca nuestro, a un brazo de distancia. Junto a ellos, había otra pareja, que hacía ya largo rato estaban cogiendo. Le dije a Laura que mire la situación, así que estábamos de espectadores. Una tercer pareja se puso a los pies de la colchoneta, y la animé a mi amiga a hacer lo mismo, le dije: vamos por la morena!
A los pies de la colchoneta, Laura pasó una mano suave por la espalda de nuestra elegida, quien ya había empezado a tocarse con la chica de la pareja al lado nuestro. La morena alzó su torso para besar los pechos de la otra mujer, y Laura aprovechó para apoyar sus dos tetas grandes por su cuerpo. Vi la sorpresa en la cara de la morena, pero no vi reacción positiva concreta. De hecho, yo creí notar que no quería saber nada con nosotros, y sí con la pareja de al lado… hasta que vi su boca prendida al pecho de mi amiga. Ellas empezaron a besarse con mucha calentura, y yo metí mi lengua entre ellas, que me aceptaron de muy buena gana. Laura bajó a lamer los morenos pezones, y nosotros continuamos el beso. Un beso pasional, suave por uno momentos, furioso en otros… Levanté una mano hacia su cabeza, y noté el hermoso pelo que tenía, en motas. Cuando empezó a gemir por los favores de Laura, noté un acento peculiar, un acento brasilero.
Yo estaba muy caliente, demasiado, y mi pija respondía a medias. En cuanto se erectó un poco, me puse un preservativo y penetré a mi amiga. Ella gimió, y la morena me miró a los ojos en un gesto que me resultó de una ternura extrema, como una mezcla de cariño y de estar pidiéndome algo, mordiéndose el labio inferior. Incliné entonces mi torso y volví a besarla. Tenía los labios suaves, preciosos. Bajé a su pecho, y Laura se unió a mí, y nuestras lenguas se rozaban con su pezón en medio.
La pareja de al lado nuestro había perdido su protagonismo hacía rato, y ya no estaban. Decidimos cambiar la posición, y yo me acosté en la colchoneta. Saqué el preservativo y Laura se la metió entera en la boca. La pareja de la brasilera se levantó (había estado todo este tiempo recostado, mirándolo todo, pero sin hacer nada) y se la empezó a meter, con lo que la morena empezó a gemir de nuevo. Yo sólo quería que la pase muy bien, ya que su calidez me había generado un enamoramiento fugaz. Así que mientras disfrutaba la penetración de su pareja, yo pasaba mi mano por su vientre, sus pechos… con delicadeza, pero apretando fuerte cada tanto, rasguñando un poco. Le toqué el brazo y ella con una de sus manos aferró la mía. Por mi parte, ya se me había parado, y Laura hacía un trabajo oral increíble. Se incorporó e invitó a la brasilera a participar del sexo oral, pero ésta no respondió.
Escuché que el hombre estaba acabando, gimiendo fuerte, mientras la morena se lo pedía, hasta que eyaculó. La morena se calmó, él se paró y ella lo despidió por el momento, quedándose conmigo. Me miró a los ojos, de nuevo con esa mezcla de ternura y deseo. Miró a Laura que seguía chupándome, volvió a mirarme con intensidad y me acercó la boca para besarnos. Daba unos besos hermosos, cálidos y húmedos. Ella cada tanto levantaba su boca y miraba mi pene. Deduje que intentaba darme placer oral hasta que Laura me hiciera acabar. Yo, mientras se levantaba para mirar, tomaba uno de sus pechos y me dedicaba a él, y la veía levantar la cabeza y disfrutarlo cada vez. Y bajé a su vientre, a su ombligo. Pero nada era como su boca, así que volvíamos a besarnos.
Yo no acababa, no quería ciertamente, lo estaba disfrutando. Ella se levantó y empezó a ponerse el corpiño casi a la vez en que cayó otra pareja por detrás de mi amiga. Despedí a la morena con un beso de boca, y por el rabillo del ojo vi que una mano femenina apretujaba las tetas de Laura. Seguí el brazo y encontré una mujer jóven, de prominentes pechos, un cuerpo grande, candente, muy llamativo. El pelo lacio, negro, largo y tupido. Un flequillo que le coronaba los ojos claros. Su cara, a diferencia de la brasilera, no presentaba signos de ternura: era la lujuria personificada. Traía la mueca de quien disfruta lo que es capaz de producirle a otro… con cierta morbosidad y desenfreno, mientras acariciaba el sexo de mi amiga. Laura me soltó la pija y se volvió boca arriba, dejándose penetrar por la lengua de la lujuriosa, quien le descorrió la bombacha de encaje para lograr mejor su cometido. Me acomodé, y chupeteé sus pezones para aumentar el placer. La escuché gemir y me acerqué a su boca, la escuché gemir de nuevo, y mucho más de lo usual (o eso me pareció), con lo cual le susurré al oído: “Esta mina la tiene más clara que yo, me parece!” repondiéndome con una risa distraída.
Yo alternaba mi lengua entre un pezón, el otro, y la boca de mi amiga, y llevaba mis dedos a su clítoris, donde eran lengüeteados por la zorra de los ojos claros. Su mano estaba a pocos centímetros de mi pija, apoyada en el cuerpo de Laura. Intenté que me toque, acariciándole la mano, insinuándole… mostrándole que la tenía cerca… pero ella estaba concentrada en el sexo de mi amiga. Evidentemente sabía lo que hacía, y a pesar de los nervios de Laura, la hizo tener un orgasmo. Laura, después de contraerse por largo rato, se incorporó agradecida a besar las tetas y la boca de la zorra, que empezó a ser cogida por su pareja, ahí, en cuatro patas como estaba. Laura se puso debajo de sus dos tetas, que se bamboleaban de adelante hacia atrás. Yo le besé la boca, y ella me respondió, pero con mucha más violencia que la brasilera. Además que la fuerza del empuje de la penetración, hacía que cada tanto nuestros dientes golpearan los labios. Aun así, accidentado, era demasiado excitante.
Mi situación volvía a ser flácida, sin embargo volví a cambiar de posición, abriendo las piernas y dejando la cabeza de Laura entre ellas. Volví a sacarla del boxer y la apoyé en la mejilla de mi amiga. Ella, desde su posición, aun boca arriba, buscó con la boca hasta encontrarla y comérsela. Eché una mirada al cuerpo de la zorra, que estaba siendo cogido. Traía una tanga roja, estaba sudada. Laura la invitó a unirse al felatio. Yo no veía las respuestas de la zorra porque le tapaba el rostro el pelo. Vi que Laura se llevó los dedos a la boca, se los chupó y se los dio a chupar a ella. Luego de eso lo llevó de nuevo a mi pene y le repitió que se uniera. Al fin vi como su cabeza descendía y como se empezaban a besar con las lenguas y mi pene en el medio. Yo no podía creer ni el doble oral, ni que todavía no se me parara del todo!
Pasé mi mano por el cuerpo traspirado de la zorra, hasta llegar a su cola. Estábamos todos muy calientes. Su pareja se había ido a sentar a un lado, y sonriente aplaudía la situación. Laura siguió concentrada en mi glande y la otra bajó a chuparme las bolas. Cuanto más notaba que esa chica estaba ahí sólo para mi pija, más cómodo me sentí y más se me empezó a hinchar.
Ella dijo “Vamos más allá”, refiriéndose a la profundidad que tenía la colchoneta, detrás mío (ella estaba prácticamente al borde opuesto). Yo me corrí tanto hasta apoyar mis hombros en la pared, para poder mirar mejor la escena. Vi como las dos se acercaron gateando hasta mi, y apoyaron sus lenguas en mi pija. Las deslizaban de un lado a otro, frenando cada tanto en el glande para moverlas rápidamente, haciéndome gemir desesperado. La zorra se la sacó a mi amiga de la boca y se la metió hasta el fondo de la garganta por unos segundos. La sacó exhalando con violencia y me miró a los ojos con esa sonrisa lasciva que había ya notado mientras masturbaba a mi amiga. Laura volvió a mi glande y ella a las bolas. Luego estaban las dos besándose con el glande en medio, y sin que yo diga nada, las dos sacaron la lengüita y la dejaron quieta. Veía la lengua de Laura, pero ella debía estar muy concentrada o mirando cómo la chupaba la otra, porque no le veía los ojos. La otra sin embargo no me sacaba la mirada de zorra insaciable de encima, con su lengua preparada. Yo ya quise acabar, así que pregunté en voz alta, alterado mi tono por la excitación y el movimiento de la fricción auto-inflingida: “Ya quiero acabar… cómo hago…” la zorra no dijo nada, siguió moviendo la puntita de su lengua, esperando el chorro. Aun así no quise ser descortés, y pregunté con más firmeza: “…Voy a acabar. Puedo…?”, a lo que las dos chicas al mismo tiempo respondieron con una afirmación gemida. Miré los ojos de la zorra, y sus lenguas apoyadas en la puntita de la pija cuando vi brotar toda la leche, que les salpicó las bocas. Se empezaron a besar entre ellas, sin limpiarse, mientras yo las miraba, todavía erecto. La zorra me miró de nuevo a los ojos, miró de nuevo mi pija y me dio otra chupada entera, primero la punta y después las bolas. Me dedicó una sonrisa pícara y se recostó. Yo hice lo mismo, junto a Laura.
Mi alma se había ido por un rato, así que tardé en incorporarme. Al hacerlo no podía otra cosa que compartir mi alegría, y con la otra pareja nos cruzamos un par de palabras, entre las cuales admití que era la primera vez que venía, y que de hecho, de los nervios, no se me había parado hasta hacía un ratito nomás. El tipo dijo que era taxi-boy, y que estaba algo cansado del sexo (cosa comprobable, ya que no se había metido en la fiesta). Notamos que alrededor ya no quedaba nadie, y al ratito cómo aparecía gente de limpieza. Ya era hora de irse (tres y media de la mañana). Al salir, con mi amiga Laura no cabíamos en nosotros mismos de lo increíble de la experiencia, tanto por lo bueno que fue de por sí, como porque realmente había llegado un punto en que esperábamos irnos con las manos vacías. Además, el plus de haberlo ‘logrado’ al tiempo JUSTO previo al cierre del lugar (del cual no teníamos ni idea, como tampoco sabíamos la hora que era adentro).
Por cierto, a la pareja jóven que en un principio se nos acercó, los vimos repetir el ritual con otras parejas, pero siempre quedaron solos…
Una experiencia muy buena, muy recomendable! Saludos!
Pablo.

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